-Si le enseño las manos, ¿me leerá el futuro?

-No, pero leeré su pasado y, por tanto, podré conocerle mejor. El futuro no es más que un abanico de posibilidades. Interpretar la mano es un arte, más que una «mancia».

-Entonces, ¿qué puede decir de mí?

-Que es un ser romántico, afectivo y creativo, pero quiere dar una imagen de intelectual duro.

-¿Dónde ve todo eso?

-En las líneas del corazón, de la cabeza, de la vida… La palma tiene miles de terminaciones nerviosas unidas directamente a los surcos centrales de su cerebro. La información de la mente se graba en las líneas a través de impulsos nerviosos. Sus manos hablan de su cabeza. -¿Puede aportar pruebas de esto? -He leído más de treinta mil manos en mi vida. Existe el caso de un obrero alemán que cayó de un andamio. Se golpeó en la cabeza y perdió la memoria. Las líneas de sus manos se borraron. En 2001, la revista «Nature» reportó el caso de un hombre en Lyon que perdió las manos y se le implantaron las de un cadáver. -¿Y qué le pasó? -Sus líneas cambiaron por completo. La palma de la mano tiene una capa finísima de piel en comparación con las seis capas de la espalda. Manos y cerebro tienen tan íntima relación que en la mano ni siquiera se pueden hacer tatuajes: ¡se borran! -¿Y si pierdo una mano y no me implantan otra? -Su cerebro grabaría las líneas de la mano en el muñón. Lo he visto en muchos mancos que he conocido. -Es decir, que la mano es un mapa del cerebro. -Y también de su psique.

Leyendo una mano podemos conocer el equilibrio mental de un dirigente político.

Por ejemplo, fíjese en esta fotografía de la mano de Don Felipe… -Buena manicura, ¿y? -Tiene una mano realmente equilibrada. En sus líneas veo a un hombre vital, muy afectuoso e inteligente. Doña Letizia le ha cambiado, le ha dado una gran estabilidad. -¿De dónde procede su arte?

-La lectura de manos está en todas las culturas. Llegó a través de Egipto. Ya Anaxágoras enseñaba lectura de manos a sus discípulos. -Y usted, ¿cómo se convirtió en lector de manos? -Vine a Barcelona para doctorarme en Filosofía, pero una crisis en México acabó con mi beca. Comencé a leer manos en las Ramblas, pero ya lo hacía desde los catorce años. -¿Por qué la naturaleza nos regala este tipo de mapas? -Dice Job que «Dios grabó sellos en las manos de los hombres para que supiesen en qué deben ocupar sus días». La Cábala dice que el único deber del ser humano es «rectificar».

Y hay mapas que nos ayudan a tomar conciencia de nuestros errores.

-Entonces, ¿me da algún buen consejo para enmendarme?

-Disfrácese de payaso y vaya a las Ramblas a actuar. Ríase de sí mismo, atrévase a perder el rigor y por fin comenzará a cambiar.

-¿Cambiar?

-Sí. Sus manos me dicen que su trabajo no le satisface. Su línea de la vida izquierda está truncada.

-¡Glups! ¡Me moriré!

-No: en realidad, significa que su yo interno le está pidiendo un cambio. Cuando esto suceda procure estar preparado.

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